Estimada, yo misma:
Aquí estoy delante de mí, sintiéndome valiente al enfrentarme ante un papel en blanco para rellenarlo a voces con las letras de mi pluma, en la soledad de mi refugio pero acompañada entre la lluvia de mis fieles lágrimas, intentando rebelarme a mis temores, a mis fracasos, a esas preocupaciones que me bloquean y nublan mis ojos oscureciendo mis días, pero en cambio, cobarde, débil y enmudecida para enfrentarme ante algunas voces soberbias.
Cara a cara, ante el espejo de mí misma, tantas veces incomprendida y necesitada de ese abrazo que me proteja de mis debilidades, tan sedienta en los días que mi boca pide a gritos de sed ese beso codiciado que no llega deseando moje mi seca garganta, o esa caricia tan anhelada que empape cada poro de la piel de mi soledad.
Aturdida, ahogada y sintiéndome apresada en la libertad de volar pero fugándose mi mirada por la ventana de mis sueños queriendo desafiar la vida, a capa y espada, rebelándome ante el mundo de mis miedos, pero ahí quedan en saco vacío mis preguntas pronunciadas sin respuestas ante los oídos sordos que no me quieren escuchar.
Oprimida, manejada y sobreviviendo como marioneta en el teatro de la vida cuando se sube el telón de cada día, quisiera desnudarme al albedrío haciendo la realidad mis sueños para liberarme del equipaje que tanto me pesa aún cuando no necesito de más que la piel que envuelve la sensibilidad de mis días.
Atentamente,
Yo, María Perlada
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