Me despierta entre los sueños
el Demonio del Averno,
adueñándose de mi noche,
calcinando los sentidos de mi lecho.
Tentándome más allá del pecado,
desde la piel de las sábanas
hasta avivar el grito en las costillas,
ardiendo la médula entre las llamas del infierno.
Y me induce al deseo más prohibido,
fornicando mis instantes,
cabalgándome entre las horas,
desde el norte de la lujuria,
hasta el sur del infierno.
Y así es como al vicio me condena,
arráncandome a quejidos el tirabuzón de mi cabello,
desgobernándome entre sombras y luces,
empuñándome con su estaca de acero,
enclavándome la lujuria contra la pared.
Dominándome...
sometiéndome...
poseyéndome...
galopándome...
devorándome...
profanándome...
Entrándome...
saliéndome...
retorciéndome...
ensortijándome...
convulsionándome...
desintegrándome...
Pervirtiendo desde el rosario perlado
cobijado entre mis manos
hasta el mar de los fluidos
derramado en mis entrañas.
Explotando el volcán del infierno
desparramando lava ardiente
sobre mi sedosa piel endemoniada.
Y así es como al vicio me condena,
arráncandome a quejidos el tirabuzón de mi cabello,
desgobernándome entre sombras y luces,
empuñándome con su estaca de acero,
enclavándome la lujuria contra la pared.
Dominándome...
sometiéndome...
poseyéndome...
galopándome...
devorándome...
profanándome...
Entrándome...
saliéndome...
retorciéndome...
ensortijándome...
convulsionándome...
desintegrándome...
Pervirtiendo desde el rosario perlado
cobijado entre mis manos
hasta el mar de los fluidos
derramado en mis entrañas.
Explotando el volcán del infierno
desparramando lava ardiente
sobre mi sedosa piel endemoniada.












