Todos los años, mi familia y yo, nos íbamos a veranear, a una casita que mis padres tenían en un pueblo costero. Mi padre conducía un vehículo muy pequeño, Seat 600, dónde íbamos los cinco, y, ademas: varias maletas con ropa y sábanas, toallas, las bicicletas, la sombrilla, la mesa y sillas de la playa, sombreros de paja, cubos y palas, transistores, las cartas, juegos de mesa, y un sinfín de cosas más. Iba repleto.
Aquella etapa de mi infancia la recuerdo como una de las mejores de mi vida. Era una gozada pasar allí el verano. Mis padres se reencontraban con sus amigos, y mis hermanos y yo, nos reuníamos con los nuestros, sus hijos.
Cuando íbamos a la playa, nos encantaba jugar a ser arquitectos construyendo castillos de arena en la orilla del mar. Era nuestro juego favorito. Cogíamos el rastrillo, la pala y el cubo lo llenábamos de agua, y moldeábamos la arena a nuestro antojo.
Mientras las olas danzaban cerca de nuestros piés. Nosotros seguíamos a lo nuestro, construyendo torres. Aunque las olas se las llevaran una vez terminado el castillo, no nos importaba, porque seguía vivo ya que era mágico desde nuestra fantasía. Dentro de él seguía estando el trono, los reyes, príncipes, princesas, hadas, dragones, tesoros, puentes levadizos, túneles, fosas, muros... Toda una historia real dentro de nuestra imaginación.
Por las noches nos poníamos a contar las estrellas de luz, inventando figuras y universos. Después cogíamos las bicicletas y nos acercábamos hasta la plaza del pueblo. Mientras que nuestros padres estaban sentados al fresco en la puerta de casa disfrutando de la compañía de los amigos y unas cervezas, entre risas y chistes.
No necesitábamos más. Éramos felices desde la sencillez, con pocas cosas, pero enriquecidos de espontaneidad, inocencia y fantasía.
Pero como no hay nada eterno en esta vida, las vacaciones llegaban a su fin y había que volver a la ciudad. Eso era lo peor de todo. Tener que esperar un año más para regresar, de nuevo, al mar de la imaginación.
Más relatos sobre juegos de verano en el blog de Campirela
María
Gracias, María, por sumarte a esta convocatoria, donde estoy segura de que se añorará la infancia y esas vacaciones que eran de primera, aunque solo tuviéramos arena y agua para hacer el mejor de los castillos, y qué felices éramos.
ResponderEliminarUn besazo y a seguir soñando, que eso jamás se termine...
Enhorabuena, mi Campi, por ser la anfitriona de los relatos jueveros de esta semana, con un tema inspirador en el que nos recuerda la infancia de aquellos años, que aunque esta historia es inventada, porque mis padres jamás tuvieron un 600, ni ninguna casita en la playa, y no conocí el mar hasta la etapa de la adolescencia, pero como hay que echar imaginación, pues ahí está, soñemos que estamos en la playa y contando las estrellas.
EliminarBesos enormes y feliz verano.
En cierta forma, no se divertían con poco, sino con mucho.
ResponderEliminarEn la orilla de un inmenso mar. Con las estrellas en la inmensidad del cielo.
Y con bicicletas, un medio de transporte que son la manifestación práctica de varias leyes de la física.
Lo cierto es que te han dado recuerdos memrables.
Besos especiales.
Qué bonito tu comentario, amigo Demiurgo, me gusta lo que has dicho de manera tan poética. Estoy de acuerdo contigo, que nos divertíamos con mucho, porque aunque no tuviéramos muchos juguetes, sí que utilizábamos la imaginación, inventábamos tanto con cualquier cosa que nos encontráramos, éramos más prácticos, más sencillos, y más imaginativos. Y es que para ser feliz se necesita tan poco . Y aquí quedan estos recuerdos que nos trasladan a la niñez, ya después de tantos años pero que parece que fue ayer, porque son INOLVIDABLES.
EliminarBesos especiales.
María, este recuerdo veraniego está contado con una ternura que se nota desde el inicio. Hablas de aquel Seat diminuto cargado hasta los topes, de los juegos en la orilla, de los castillos que desaparecían pero seguían vivos en la imaginación, de las noches contando estrellas y de las bicicletas rumbo a la plaza. Todo está narrado con la sencillez luminosa de la infancia, esa etapa que parece eterna mientras dura y que, cuando termina, deja una nostalgia que acompaña toda la vida. Aunque luego aclares que la historia es inventada, la emoción es verdadera: la felicidad hecha de poco, de casi nada, pero llena de fantasía y libertad.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo, María.
Querido Enrique, aunque no sea la protagonista del relato que he escrito, en cierto modo, es parecido a los veranos que viví en mi etapa infantil, con otro vehículo, con otro tipo de mar, en mi caso, el río, jajajaja, pero mismos juegos y mismas ilusiones y fantasías. Con la familia siempre que nos inundaba de cariño y nos hacía los días muy felices, procurando que tuviéramos todo el calor del amor, aunque no tuviéramos una casita en la playa, ni un gran vehículo, ni en aquellos tiempos, ni siquiera teníamos televisión, ni teléfono, que había que ir a ver la tv o llamar por tf en casa de los abuelos. Aunque me hace feliz recordar aquellos tiempos, pero no puedo evitar sentir nostalgia al ver que faltan mis padres, aunque les llevo siempre en el corazón.
EliminarUn abrazo enorme.
Me fizeste ter boas recordações aqui... Lindo te ler e ao fim ver que nada vale mais que a simplicidade!
ResponderEliminarTinhamos tão pouco e taõ felizes e despreocupados éramos!
Adorei!
beijos, chica
Teníamos poco, pero una gran imaginación siempre a flor de piel, querida chica, transformábamos un palo en un avión, una piedra en un tesoro, y eso es lo bonito, siempre disfrutando de los juegos, aunque no tuviéramos grandes cosas.
EliminarBesos.
Y lo mejor, que no habia moviles, eso era
ResponderEliminarmas de la mitad de todo, quiero decir, nada
mas , que lo justo, nada de distracciones, y
hacer grupo de la mejor manera, no como
ahora,😚
Tienes toda la razón, Orlando, que aunque los móviles distraen pero la verdad es que te retraen de estar con los demás, se crea un mundo solitario, y te aísla de todos, y cuando no teníamos móviles estábamos más cerca de todos. Es lo que hay, en estos tiempos donde la tecnología avanza a pasos agigantados, aquellos eran otros tiempos que los niños de ahora no conocen. Una pena.
EliminarUn abrazo.
Bonitos recuerdos de esos tiempos donde, como bien dices, todo era sencillo y solo importaba disfrutar. Y en ese Seat 600 no quedaba espacio con tanta cosa por llevar :).
ResponderEliminarBesos dulces y dulce semana, María Dorada.
Muy bonitos, Dulce. Ese coche lo tenía un tío mío, tan pequeño, pero ibamos muchos, y ahora se tienen grandes vehículos, y todo de lujo. Me gustaría que por unos minutos que los niños vivieran lo que hemos vivido nosotros, porque ahora no saben lo que son los juegos de antes.
EliminarBesos.
Más de uno firmaremoscosas parecidas de las vacaciones de nuestra infancia.
ResponderEliminarMuy tierno y emotivo.
Besos.
Qué tiempos aquellos, Alfred, qué felices éramos con tan pocas cosas, pero la imaginación nunca faltaba. Era maravilloso disfrutar al aire libre, sin temor a nada.
EliminarBesos.
Maria:Que lindo recuerdo de una infancia de amor y union familiar,creo que muchos tienen ese privilegio,me sumo a ellos,tu narrativa es fluida y atrayente,te felicito por ello,me regalaste unos agradables minutos de lectura.Te dejo un gran abrazo y un beso.
ResponderEliminarEs bonito recordar la infancia con el amor de la familia, y aquellos juegos que nos hacían felices, son recuerdos que no se pueden olvidar nunca jamás, a mí me llenan de emoción, querida Menta.
EliminarUn abrazo enorme.
Yo no iba. La verdad es que nunca me gustó mucho la playa. Por eso quizás tampoco la echo mucho de menos. Aquí muy lejos de esos lugares.
ResponderEliminarNi yo tampoco, Erik, la playa era para poca gente, antes a lo más, nos teníamos que conformar con ir al río, ese era nuestro mar, que por cierto, yo el mar lo vi por primera vez en mi época adolescente.
EliminarBesos.
Qué recuerdos más bonitos. Un poco de envidia ya me has dado. Besos
ResponderEliminarMe alegra que te haya gustado el relato, Arantza, gracias por leerme.
EliminarBesos.
En una de las primeras entradas a mi blog narraba unas vacaciones parecidas: https://bitacorademacondo.blogspot.com/2018/10/las-vacaciones-de-mi-infancia.html
ResponderEliminarMi padre también tuvo un Seat 600. Todos los viajes eran lejos, aunque fueran de 100 kilómetros, porque había riesgos que ahora son prácticamente inexistentes, como los pinchazos y los calentones del radiador. En un recorrido corto llegamos a meternos dos personas mayores y once niños. La guardia civil no paraba entonces por esas cosas.
Qué razón tienes, Chema, antes no ponían multas por nada, ni siquiera existían los cinturones de seguridad. No como ahora que ponen multas por todo. Y qué diferentes aquellos coches de antes, tan pequeños que eran y la cantidad de gente que se metía adentro. Mi padre no tuvo el 600 tuvo otro Seat. Quién le tuvo fue un tío. Iré a conocer tus vacaciones, gracias por dejarme el enlace.
EliminarBesos.
Todo lo que queda bañado por la luz dorada del recuerdo parece brillar con más fuerza. Los veranos eternos, las promesas de eternidad, el descubrir por primera vez lo grande que era el mundo... Parece que envejecer es ir perdiendo esa ilusión de las primeras veces.
ResponderEliminarTe doy la razón con la reflexión tan interesante que haces, Beauséant. Parece que envejecer nos hace perder esa ilusión de antes, y como si viéramos la vida de otra manera ¿o es que la vida ha cambiado tanto que la vemos tan diferente? y creemos que antes era lo mejor. Es que me estoy dando cuenta de que mis padres también decían lo mismo, que en sus tiempos todo era mejor. Y ahora nos repetimos jajajaja. Aysss qué recuerdos más bonitos aquellos veranos, sobre todo, que no conocíamos las olas de calor.
EliminarUn abrazo.
María, has disfrutado recordando y contando ese mar de fantasia e imaginación, que es pura vida y siempre lo es al recordarlo...Mi felicitación por la entrega, el cariño, la sinceridad y la creatividad que le has puesto...Aquella niña de las vacaciones de verano habita en ti, sin duda alguna y te va impulsando a escribir y hacernos partícipes de tu grandeza interior.
ResponderEliminarMi abrazo entrañable y mi cariño, mi inolvidable María...Feliz semana con los tuyos.
Qué bonito lo dices, querida amiga María Jesús, la verdad es que sí he disfrutado escribiendo este relato, es como recordar un poco parecido a mi infancia, y es que volar hasta esa etapa nos hace a todos un poco más inocentes, y sobre todo, nos hace volar en la imaginación, aquellos veranos de nuestra infancia tan sencillos pero tan bonitos.
EliminarUn abrazo enorme.
Un relato bien refrescante con ese fondo de playa y esa preciosa infancia que tan bien has pintado...
ResponderEliminar¡Y qué característico de aquella época esos pequeños coches con todo y todos!!
Me ha encantado, María, tu preciosa añoranza!!
Muy felices días, un beso
Aquellos años todos los recordamos de una manera entrañable, recuerdos para no olvidar, querida Milena. Aunque mi playa era la del río jajaja porque no soy la protagonista del relato, con esa playa nos conformábamos antes. Y tan felices que éramos, disfrutando de los veranos en el río.
EliminarUn beso.
Esos fantásticos veranos ya no volverán. Necesitábamos poco y nos "conformábamos" con nuestra imaginación.
ResponderEliminarBellísimo relato, me has transportado a mi infancia. ¡Gracias!
Besos, María.
Qué razón tienes, Paula, con lo que dices, que nos conformábamos con dejar volar a la imaginación, fantasía no nos faltaba, siempre enriquecidos de ella, y tan felices, con tan pocas cosas.
EliminarBesos.
hola maría. antes la vida era más sencilla. las escenas que has descrito me recuerdan un poco a la serie 'verano azul'.
ResponderEliminaryo este verano me conformo con mantener la mente estable...
besos!
Si ese verano azul de la serie lo hemos disfrutado muchos a nuestra manera, aunque en realidad, el mío era verde, iba al río, no a disfrutar del mar, pero para mí era el mar, mi padre nos ponía unos columpios, y qué felices éramos. Espero que estés disfrutando de un buen verano, Chema, sobre todo, teniendo la mente distraída para no sentir la nostalgia de la ausencia de tu ser querido.
EliminarBesos.
Hola María!
ResponderEliminarMe transportaste con tu relato que aunque ficticio sonó muy real; la mia fue una infancia/pre adolescencia yendo a la playa de Necochea, una ciudad balnearia en Argentina, todos los años con mi familia, primos, abuela...
Con su inocencia, fue así vista la mejor etapa de la vida!
Qué bien, Etienne, disfrutando de la playita en tu infancia, tiene que ser muy bonito tu país, Argentina, quién pudiera ir hasta allí a conocerlo. Qué bonita la infancia, con los recuerdos de la familia, y ahora ver que ya no están, a mí me entra nostalgia.
EliminarBesos.
Que delicia transportarnos a esos recuerdos maravillosos. Un abrazo.
ResponderEliminarMe alegra, Gil, que hayas disfrutado de este relato.
EliminarUn abrazo.
Justo hoy escribí sobre "Los viejos tiempos", UF qué entrada hizo, me hizo recordar tantas cosas que no pasé hahaha. Pero sí disfruté mi infancia a toda potencia.
ResponderEliminarQué bien que disfrutaras tu infancia a toda potencia, Conejo, eso es lo importante, disfrutar pero bien. Y también has escrito sobre aquellos tiempos, iré a leerlo, gracias por decírmelo.
EliminarBesos.
Querida María.
ResponderEliminarTienes el don de descubrirnos esa literatura de momentos inigualable.
Has encendido mi mente.
Gracias.
Me alegra leerte, Antonio, seguro que estás disfrutando de tus vacaciones, gracias por venir a leer mi relato.
EliminarBesos.
Hola Maria, que lindo tu relato,
ResponderEliminarme hiciste vaiajar, a la epoca en
que vivia en mi Peru, todos los
veranos nos llevaban a la playa,
y en Invierno al campo y toda la
familia, inolvidables instantes
que se graban y jamas se olvidan.
Besitos dulces
Siby
Cómo me alegra haberte hecho viajar hasta tu infancia querida Siby, volver a recordar aquellos felices años, de una manera u otra, siempre resulta muy grato, y como bien dices, jamás se olvidan.
EliminarBesitos enormes.
Muy bonitos recuerdos María. Por cierto, la primera vez que vi el mar, también fui en un Seat 600.
ResponderEliminarBesicos muchos.
Qué bueno que hayas coincidido con la protagonista, ir al már por primera vez en un Seat 600, qué tiempos aquellos, qué grato volver hasta allá, LA CASA ENCENDIDA.
EliminarBesos enormes.
Hola María, tu historia me trajo de recuerdo mi infancia que transcurrió en algunos veranos de viaje a la playa donde íbamos con el jeep que tenía mi papá cargado hasta el techo y allí nos encontrábamos cada año con los amigos, qué vacaciones tan divertidas eran, gracias por ese recuerdo tan hermoso, sin dudas la imaginación de niños entre esos castillos de arena es inolvidable, un abrazo grande.
ResponderEliminarPATRICIA F.
Me alegra que mi relato te haya traido gratos recuerdos, PATRICIA, viajar en tu infancia en un jeep hasta la playa para disfrutar de la familia y los amigos, y construir castillos de arena, realmente esos momentos son inolvidables.
EliminarUn beso enorme.
Mi infancia fue la historia , del aquí llamado Fiat 600. Era un viaje de dos horas a la playa, el Tabito, donde nos esperaban nuestros amigos, que guiados por una guía, nos llevaba a recorrer las playas hasta llegar a playa de las conchitas que llevamos para completar nuestros castillo... hasta que llegaba el enemigo borrando las huellas convirtiendo nuestros palacio en ruinas y suaves montones de arena...Al anochecer , preparábamos y ensayábamos nuestras obras de teatro, donde cada uno mostraba su gracia e ilusiones... de proto una niña tomó mi mano, y su piel suave, acaricio mis dedos y decidí enamorarme hablándole de lejos y prometiéndole que nos volveríamos a encontrar en el próximo verano, y la esperaría para casarnos prometiéndole que sería su novio y que se casaría con ella.
ResponderEliminarFue un ilusionado verano, tiramos los bañadores y nos fuimos mar adentro; una ola rompió la unión de los enredados y nunca la volví a ver. Sus ojos se esconderían para siempre... Suelo llevar rosas blancas al océano, y ella vuelve para hablarme y dice, encontrarás el amor algún día en cada verano junto a mar. Te ayudaré a olvidar, pero no dejes de venir.
Qué bonita tu infancia, me ha encantado, Gustab, está cargado de sensibilidad, esa historia de la niña con la que serías su novio para casarte con ella, y qué final más triste, esa ola que rompió la unión de los enamorados, qué pena, pero me gusta el sentimiento tan bonito que alberga tu alma, llevándola rosas blancas al océano, y ella regresa para tí. Pero qué bonito, me ha encantado, gracias por compartirlo.
EliminarUn abrazo.
Hola María.
ResponderEliminarAntes la vida era más vida...
Aunque hay cosas que siguen igual.
Nosotros cuando vamos con nuestro hijo a la playa también hacemos castillos de arena. Eso es algo que no se pierde y ojalá no se pierda nunca.
Abrazo
Me encanta volver a leerte, Alicia, gracias por volver a escribir. Pues sí, tienes razón, hay cosas que siguen igual, como construyir castillos de arena, esos siempre seguirán, aunque ya no seamos nosotros los niños que construíamos aquellos castillos, y ahora lo hagan los hijos o los nietos.
EliminarUn abrazo enorme.
Hola María,
ResponderEliminarUn hermoso recuerdo. La verdad es que la infancia significaba despreocupación y ausencia de problemas. Ya estaba todo decidido por nuestros padres y sólo teníamos que pasar el tiempo. Y como no había pantallas, y una exigua paga, había que darle a la imaginación.
Un saludo.
Totalmente de acuerdo contigo, LUFERURA, que la infancia era ausencia de todo tipo de oblligaciones, y no nos preocupábamos nada más que de jugar o hacer los deberes del cole, ya que nuestros padres nos lo daban todo hecho.
EliminarUn abrazo.
Tu texto hermoso, memoria de esas vacaciones inolvidables de estudiante, vos con tu playa y arena, yo con noches de tapices de luna y estrellas, observándolas con amigas tirados en el patio de la casa, porque sentíamos esas estrellas tan cercanas que nos bastaba agarrarlas con las manos, de tan próximas. Un abrazo, con gran aprecio.
ResponderEliminarCarlos
Qué bonito y poético tu comentario, querido Carlos, sentir esas estrellas tan cercanas tanto como para agarrarlas con las manos, es precioso soñar y dejarse llevar por la creatividad en aquella etapa.
EliminarUn abrazo enorme.
Yo también iba al pueblo con mi familia, aunque, como buen hijo único, pronto aprendí a divertirme solo.
ResponderEliminarFeliz verano.
También se jugababa solo en la infancia, tuvieras o no hermanos, hay que aprender a jugar también en soledad, no siempre con amigos, José Antonio.
EliminarUn abrazo y feliz verano.
una infancia idílica e idealizada en torno a las vacaciones, el verano, la playa, los familiares y los amigos, como todos los que hemos tenido la suerte de tenerla.
ResponderEliminarme gustó mucho tu relato.
un beso. que tengas un feliz día.
Me alegra que hayas disfrutado del relato, DRACO, esas vacaciones de la infancia, tan maravillosas, son imposibles de olvidar.
EliminarUn beso y feliz día.
Yo disfruté de vacaciones parecidas en un pueblo de Aragón.
ResponderEliminarSiempre las recuerdo con mucho cariño.
Cuando acababan y volvía a casa era como si cambiara de universo.
Besos.
Qué recuerdos tan entrañables, Xavi, qué veranos tan largos y sin prisas, solo disfrutar de ellos, aunque lo peor, era cuando acababan, como bien dices, era cambiarse a otro universo, qué mal se llevaba.
EliminarBesos.
Qué bonito María. Mi familia cada verano cogía las maletas y hacíamos las vacaciones en Ceuta. Mi padre nunca quiso el carnet de conducir por lo que solíamos hacer mitad del trayecto en tren, autobús y a veces en barco, pero una parte de él desde Málaga a Algeciras siempre era en taxi, y yo como era una renacuaja me tocaba ir a los pies de mi hermana; me acuerdo mucho de la voz de mi padre cuando me decía:"Nuria, no te muevas que está la policía en la carretera" y es que íbamos seis personas en el coche 🤦 hoy lo pienso y supongo que nunca fueron conscientes del peligro que suponía para mí ante un posible accidente.
ResponderEliminarPero son años que se echan mucho de menos, por los momentos tan maravillosos que se viven y por los que ya no están.
Un abrazo
Qué bonitas tus vacaciones, querida Nuria, gracias por compartirlas, vaya sitios más bonitos que has ido, no importa el medio de transporte, lo que importa es disfrutar de la familia y de esos lugares tan preciosos. Parece que estás escuchando ahora la voz de tu padre ¿verdad? hay cosas que no se pueden olvidar jamás, y es muy bonito volver a recordarlas, esos años los volvemos a vivir mientras los recordamos, aunque ya hayan pasado y aunque ya no estén nuestros seres queridos, siempre los llevamos en el corazón.
EliminarUn abrazo enorme.
Maria uma história fantástica, histórias assim faz lembrar muito da minha infância, desejo uma ótima quinta-feira bjs.
ResponderEliminarHay recuerdos inolvidables, Lucimar, aquellos años que pasaron, pero no se pueden olvidar.
EliminarUn abrazo.
Esos recuerdos seguirán siempre presentes, alimentando nuestro espíritu. Un abrazo
ResponderEliminarAsí es, Mónica, esos recuerdos siempre permanecerán en nuestra alma.
EliminarUn abrazo.
Olá Maria, uma historia, que hoje vejo pelas praias aqui no Nordeste brasileiro, familias reunidas com suas crianças na mairo folia nas areias. Momentos estes que ficaram na memória e que muitas vezes se repetem com os nossos filhos, numa nova versão com os meninos com celulares nas mãos registrando tudo para suas redes sociais.
ResponderEliminarLinda historia de familia da sua memória.
Carinhoso abraço e feliz fim de semana.
Así es, como bien dices, familias que disfrutan de los hijos o nietos, momentos felices para no olvidar, y antes se capturaban con la cámara fotográfica, y hoy en día con los móviles, querido Toninho, para dejar grabado aquellos momentos tan maravillosos.
EliminarUn abrazo y feliz día.
¡Cómo me has hecho recordar nuestro 600, todo lo que tú describes y más, llevábamos mi marido y yo , para venir con nuestras dos bebotas a esta misma playa, en la que ahora estamos.
ResponderEliminarAñádele biberones, cunas, andadores, etc. etc. etc.
Pero qué bien lo pasábamos.
Un beso muy fuerte María.
Qué bueno que te haya hecho recordar momentos agradables de tu vida, querida Tracy, ese famoso 600 que lo tenía tantas familias, y la de cosas que cabían en él, y además, tienes razón, había que meter cunas y demás, era todo un gigante aquel coche. Me alegra haberte trasladado a tus recuerdos.
EliminarUn beso enorme y disfruta de tu paya.
Hola María.
ResponderEliminarQue afortunadas vacaciones, crecer con tu familia y con los amigos que se convierten en parte de la misma.
Hablas de un tiempo que no regresa pero que al final del camino nos quedan esos bellos recuerdos.
Te dejo un abrazo lleno de esos castillos de arena.
Un beso
Qué razón tienes, querida Jova, que aunque el tiempo no regrese, regresan nuestros recuerdos, y esos siempre permanecerán, tan entrañables y emotivos, nos inyectan vida, porque formaron parte de nuestras vivencias.
EliminarUn beso enorme.
Has descrito perfectamente lo que fue una época y unas vacaciones para muchos de nosotros, algo que se quedó grabado en nuestra mente para siempre yo aparte tenía mi ventana al cielo desde donde veía las estrellas y mil cosas más que llenaba mi imaginación
ResponderEliminarUn abrazo
Qué bonito tener la ventana al cielo donde ver las estrellas, José Antonio, qué recuerdos tan entrañables de aquellos años, inolvidables, y es que la imaginación nos hacía volar lejos.
EliminarUn abrazo.
Los recuerdos de nuestra infancia, sigue ahí escondidos en algún rincón de nuestra mente y revivirlos nos hace volver a esos instantes donde la felicidad estaba en disfrutar de las pequeñas cosas. Por todo ello dichosa tu por poder recordar y no olvidar... A sido un placer leerte, besos y buen fin de semana!
ResponderEliminarEl placer es mío de tenerte por aquí de nuevo Enca. Muy bonito cómo lo has sentido, esos recuerdos escondidos de la infancia que solemos revivirlos a flor de piel, y es que nos hace sentirnos felices de haber podido ser tan dichosos y creativos, con pocas cosas, éramos ricos en imaginación.
EliminarMuchos besos.
Qué recuerdos tan dulces y hermosos!!!!. Una época tan feliz y alegre que siempre nos acompañará en nuestro corazón.
ResponderEliminarHa sido muy emocionante y bonito leerte.
Un beso.
Me alegra leerte, AMALIA, y que te haya parecido emocionante sentir mi relato, y sobre todo que vosotros los reviváis a vuestra manera.
EliminarUn beso enorme.
Que alegría María volver a leer tus historias, gracias por pasarte por mi refugio y dejar un hermoso comentario. Que linda la historia que compartes, se ve que la pasaban bien con tus hermanos, esos recuerdos siempre estarán presente cada vez que lo recordemos y con ellos vendrán las emociones que sentíamos. Tu historia me hizo recordar las vacaciones familiares con mis hermanos en la playa, donde también jugábamos a construir castillos o muros para que el mar no los rompan.
ResponderEliminarQue tengas un buen fin de semana!
Besos
Me alegra leerte, amigo حزقيال, y que mi relato te haya llevado a recordar tus vacaciones familiares, la playa es un lugar idóneo para refrescarnos de recuerdos y hacernos construir castillos desde la imaginación, aunque el mar lo destruya, no tiene importancia porque para los niños, siempre existe la creatividad.
EliminarBesos.
Lo mío era el bus alsa en Palos de la Frontera en Madrid camino Guardamar. Ahí pasé grandísimos veranos de mi infancia y parte de la adolescencia, la recuerdo con muchísimo cariño y fácil hace que no vuelvo mas de 30 años por no estropear el recuerdo ya que la mayoría de con quien iba y estaba, ya hace muchos años que se fueron para no volver y hay sitios que deben conservar su magia. No quita que un dia me de la neura y me vaya para allá con mis chanclas pero de momento, prefiero recordar su olor, su mar y su pinada...
ResponderEliminarUn besazo!
Yo estuve un año de vacaciones en Guardamar, cuando estaba embarazada de mi hija, mira me has traído recuerdos al hablarme de este lugar. Y qué razón tienes, hay sitios donde se conserva la magia, y es bonito recordarlos, me alegra, Morella, que mi relato te haya traído recuerdos tan entrañables porque a mí también tus palabras, cuando has mencionado Guardamar, y quién sabe si algún día vuelvo allí como dices tú, para recordar el olor de la tierra de allí.
EliminarUn beso enorme.
"What a wonderful memory! ❤️ You painted such a vivid picture of those family vacations—it brought back a sense of nostalgia for simpler times. It's amazing how a small car could carry so much, along with so many unforgettable memories. Thanks for sharing this beautiful story. 🚗☀️🌊"
ResponderEliminarMe alegra que te haya gustado mi relato, y es que no hay como las vacaciones familiares, antes eran de otra manera, pero porque éramos niños y las disfrutábamos según aquellos tiempos, y sobre todo, cuando no había muchos vehículos circulando, ahora todo ha cambiado mucho. Gracias a ti por tu visita y hermoso comentario, How, to upgrade.
EliminarUn abrazo.
Hola Maríam, ¿espero que este bien tanto tiempo.
ResponderEliminargracias por traer esta historia de tu infancia, yo la verdad sentí que con la descripción del auto y la playa estaba viendo una postal de invitación, también me encontré mas con la noche y las estrellas, ya que era algo que hacia en mi infancia cuando íbamos al campo de mis abuelo en un pueblito que esta 50 min de donde estoy yo.
muchas gracias y saludos.
espero leerte pronto nuevamente.
Hola, Nicolás, cuánto me alegra volver a leerte después de tanto tiempo, estuve ausente por motivos laborales, pero ya por aquí disfrutando de vuestra compañía, espero que tú estés bien. Un placer que hayas disfrutado con mi relato y que te haya trasladado a tu infancia y al pueblo de tus abuelos, qué bonito es volver a recordar aquellos tiempos. Gracias a ti por tu complañía.
EliminarUn abrazo.
Me alegro de leerte nuevamente. Todos tenemos recuerdos de nuestras vacaciones infantiles y no tanto. Acá mucho frío y lluvia, me toca esperar para vacacionar.
ResponderEliminarSaludos.
Qué contraste, querida Eugenia, al otro lado os hace frío, y aquí un color asfixiante, espero que pronto tengas vacaciones y disfrutes. Me alegra leerte.
EliminarUn abrazo.
MUY FELIZ CUMPLEAÑOS querida Amiga .. un abrazo enorme y miles de cariños
ResponderEliminarMuchas gracias, querido Ricky, y gracias por tu precioso regalo que colgué en la última publicación, junto con los demás.
EliminarUn abrazo enorme.
Y un
ResponderEliminarultimo
aromo
salpica
fresca
eternidad
van
cayendo
los hilos
de la vida
y esa
fresa
sol y mar
reposa
ilesa
entre
los infinitos
que miro
oigo
oliendo
mares
vivos
donde
al vernos
volver
a bañar...jr
Me encantó leerte tan bella vivencia de tu infancia Maria en familia
al repique de las olas sal y el mar...mis saludos.jr
Hola, José Ramón, me alegra volver a leerte, es precioso lo que has escrito, tan poético, y bellamirada oliendo a mares vivos, gracias por estos versos que compartes.
EliminarUn abrazo.