lunes, 9 de noviembre de 2015

"Amanecer" (Semana 46 de 53)


Me arañas la espalda,
erizando mi piel,
goteando mis poros,
atando mi cuerpo a tus caricias,
brotando mi deseo encendido,
en esta locura derretida,
que me agita sin calma.

Entre tu hambre y mis ganas,
sin esperas ni pausas,
lames el placer en mi vida,
devorándome en mi ardiente agonía,
crujiendo mi alma palpitante,
perforándome hasta las entrañas,
en este lujurioso vendado amanecer.


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sábado, 7 de noviembre de 2015

"Emociones germinadas"




Y te vistes de rojo intenso,
como una rosa que retorna
buscando el abrigo de mi cuerpo,
la luz vence tu color intenso
girando tu talle que me asombra,
y en este bosque de deseo
moras consagrada
a florecer en mis adentros.

Y me hago pétalo entre tu tallo,
fragancia y aroma entre tu jazmín,
tengo sed de agua para mi raíz,
en mi deseo palpitante de mi jardín frondoso
refugiada entre las sombras latidas de tu alma,
abrazada al silencio más oculto del abismo,
para ser parte de ti, esencia de vida.

Me anudas a una mezcla de sensaciones
que vagan errantes por un laberinto
de locura y tentaciones,
moras en el quicio de un suspiro
que profana letanías en el silencio,
mientras gotean las peripecias
de los sentidos que tocan el cielo
y te haces fragmento de luz cálida
en una resistencia tremendamente ávida.

Enredado mi deseo entre las ramas
se viste de miel la esencia derretida
goteando entre emociones germinadas,
sellando nuestra noche entre murmullos besados
agonizando la luna que alumbra el tálamo de las flores
en nuestro jardín sembrado de ocultos placeres.


Agapxis y María Perlada


jueves, 5 de noviembre de 2015

¡Enamorados! (Relato juevero)



No se habían visto nunca, pero se conocían desde la distancia, se intuían, se presentían, se imaginaban, respirándose el mismo aliento de su oculto amor secreto.

Aquel día, Neo y Helen, habían preparado a la perfección con todo detalle su noche de cita a ciegas, la cual, presentían envuelta en mil tentaciones, ya todo estaba listo, las velas rojas encendidas, la chimenea ardiendo entre llamas, el ambiente estaba más que caldeado en aquella noche que se adivinaba morbosa y locamente desenfrenada en un encuentro húmedo apasionado y desnudo de pudores.

Las horas del reloj marcaron el tiempo y tras abrirse la puerta, sus miradas se clavaron entre las pupilas de sus ojos, no podían creer que estuvieran uno enfrente del otro, tan cerca robándose el mismo oxígeno, y oliendo el mismo perfume que les embriagaba drogándoles a ambos los sentidos.

Como dos amantes deseosos, Neo y Helen, comenzaron a beber del licor de sus copas emborrachándose de besos hambrientos y apasionados, sus lenguas venenosas insaciables se hundían entre la profundidad de sus gargantas, los iris de sus ojos se clavaban en cada poro descubierto.

Ambos cuerpos, por fin, estaban cerca, rozándose sus pieles en la más íntima excitación que calentaba el ambiente nocturno entre las velas encendidas, mientras las ansiosas manos de Neo iban explorando el sendero del cuerpo entre las curvas de su Diosa Helen. El tacto de las manos de Neo la hacía arder en su intensidad retorciéndola de placer, mientras sus dedos no dejaban de acariciar entre tirones su largo, sedoso y rubio cabello.

En aquellos momentos en que las agujas del reloj sacudían las horas sin detenerse el tiempo, no existía más agonía que la ardiente agitación de sus cuerpos alterados terminando en una suculenta y exquisita muerte súbita.

Pero cuando Helen por la mañana se despertó abrazada a su almohada, se dió cuenta de que Neo ya no estaba a su lado, entre sus brazos, y que nada había sucedido porque todo había sido un sueño, entonces ella se derrumbó y sus ojos comenzaron a invadirse de lágrimas en un desconsuelo sin final.

Más historias de amores las encontraréis en el blog de Alfredo


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domingo, 1 de noviembre de 2015

"Nido" (Semana 45 de 53)



¡Intensamente me provocas!
sabes cómo besar el latido de mi labio
con la lujuria de la carne de tu boca,
excitarme hasta desbordar mi nido
con el licor espumoso de tu saliva,
derretirme como una ninfa en el agua,
en un deseo infinito constante,
haciéndome perder hasta el sentido.

¡Profundamente me seduces!
cuando tocas mi punto exacto,
desfalleciendo mi equilibrio, 
que hasta las venas de mi sangre se estrangulan,
cuando tu lengua se pierde en mi sonrisa vertical,
transitando por entre los pliegues de mi piel,
penetrando hasta el último grito gemido,
hundiéndome desbocadamente en el abismo.


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