En una habitación oscura escucho
las voces de las sílfides de aire,
etéreas, bellas amantes.
Son voces cálidas, tenúes, sublimes, vaporosas,
que llegan susurradas a tus oídos
como suaves y dulces melodías,
acunando tu alma y traspasando tus sentidos.
Sombras que simulan siluetas,
seductoras y esquivas.
Brisas perfumadas que susurran,
promesas de suprema sensualidad.
Siluetas que van tomando forma
desde el fondo de tus pupilas
hasta el contorno de sus curvas,
danzando entre la música que brota en tus ojos.
Algo más presentes, más corpóreas
ya no tan etéreas, las oigo decir:
- Estamos acá porque nos has deseado,
con tus fantasías nos has convocado.
Y aquí están, concurrentes, ante ti,
jugueteando desnudas sobre la alfombra,
envolviéndote entre tus sueños despiertos,
emborrachándote hasta la última gota con su aroma.
Bellas atrevidas, levitan sobre mí
y se dejan caer, me invitan a placeres,
que halagan todos mis sentidos.
Seducciéndote hasta alcanzar su infierno,
para ser fuego encendido,
y ceniza derramada entre sus llamas.
Demiurgo y María