Estaba todo preparado... un encuentro tan deseado... la felicidad se reflejaba en mi rostro... los latidos galopando mi corazón... las velas ardiendo encendidas... mi vestido de seda rojo envuelto en ardiente pecado...
La espera se hacía cada vez más larga... pero una llamada inesperada rompió el instante de la tarde... cuando tu voz me anunció... - no me esperes no puedo ir -.
En un segundo... mi sonrisa roja enmudeció... mi cara pálida desolada... mis lágrimas fluyendo por mi cara... la nostalgia del desencuentro entristeció mi loco corazón...



