Navego en la tempestad de tu cuerpo,
tus manos se hunden
entre los piegues de la noche.
Oleaje y marea se confunden en mis formas
rasgando las sombras de mi piel,
y te clavo las uñas en tu espina dorsal
recorriendo con furia tu espalda.
No sé si floto o me hundo,
devoro tu aliento
pierdo el sentido,
me ahogo en la tormenta
al fondo del mar.
No quiero salvarme,
te arrastro conmigo,
en esta tempestad.
Ya tan solo queda
el sudor y las cenizas bramando.
María
