Allí te conocí, en la discoteca, parece que fue ayer, y han pasado unos cuantos años. Tú estabas en la barra con tus amigos, un vaso en la mano y tus ojos clavados en los míos, descubriéndome los secretos de mi cuerpo.
Tus pupilas recorrían de arriba abajo mi figura danzante, penetrando en mis entrañas desnudándome la piel.
Por unos instantes, dejaste de parpadear, observando los movimientos de mi cadera mientras yo bailaba arqueando mi espalda con total provocación en la pista que estaba haciendo mía.
Y tú, con tu mirada devoradora, me estabas atrapando haciéndome tuya. Mi cabeza electrizada a punto de estallar, mi corazón desbocado, mi cuerpo vibrando excitada, y los poros de mi piel chorreando tanto como mi sexo.
Ni la gente, ni la distancia, ni los focos, ni el sonido de la música eran obstáculos entre los dos porque estábamos conectados con un magnetismo total desde la distancia de unos metros.
Fue un auténtico flechazo en toda regla. Nos tuvimos, sin un roce, ni una caricia, con tan sólo tu mirada profunda que me desarmó por completo rompiendo el ritmo de los latidos de mi corazón y de mi vida.
Nuestra suerte estaba escrita aquel día porque nuestros destinos se entrelazaron haciendo cambiar el rumbo... Con tan sólo una mirada...
María