Ha sido un día de perros en el trabajo. Estoy agotada. Necesito llegar a casa para tumbarme en el sillón y relajarme.
Al abrir la puerta de casa noté una sensación extraña. Y el temblor comenzó a invadir mi cuerpo.
- No puede ser lo que estoy viendo. Hay manchas de sangre en el suelo.
Y comencé a gritar como una loca: ¡¡¡Socorro!!! ha habido un crimen en mi casa. ¡¡¡Necesito ayuda!!!.
Mi corazón parecía una bomba a punto de estallar. Histérica, me dirigí a la cocina. Y cual fue mi sorpresa:
Allí estaba mi perro Toby, con el hocico chorreando sangre, comiéndose un muslo de pollo crudo que había enganchado del frigorífico que estaba listo para congelar.
Me miró asustado con los ojos abiertos como platos con cara de delito.
Cual fue mi reacción: Reirme a carcajadas incapaz de controlarme. Toby al verme así empezó a mover la cola relamiéndose.
Cuando se me pasó el ataque de risa me abracé a mi perro. Fue la mejor terapia del día.
María