Y allí estaba su jefe Alex, delante de ella, observándole con la ventana abierta de sus ojos, de par en par, deseoso por tocar su piel una vez más, mirando su escultural cuerpo de arriba abajo. Sin broncas que llevarse y vibrando al sentir las pupilas de su jefe atravesar la piel de sus ganas, y sintiendo las manos desatadas explorando el firmamento del universo de la curvatura de sus nalgas...
Y allí estaban los dos con las ganas de sentirse, Alex magreando con sus manos largas como pulpos que no podían detenerse, tocando la piel de Anais y recorriendo la senda completa de su cuerpo...
Despojándola de todas sus prendas, desabrochando su deseo, trepando con las pinzas de sus dedos por entre el canal de sus pechos, dibujándole sus huellas indelebles con la lengua de su boca, succionando y pellizcando los pezones con la rúbrica de sus labios, saciando la sed de su hambre y bebiendo la extrema pasión licuada de Anais...
Palpitante como nunca la campanilla de Anais, asaltándole entre lametones y choques, mamaba y saciaba su hambre latiendo su garganta sin voz pero con fuerza, gritando entre los ecos de sus jadeos:
- ¡Ensortíjame el alma! ¡invade con furia mi sexo! ¡cabálgame hasta arrancar mi último quejido!
- ¡Ensortíjame el alma! ¡invade con furia mi sexo! ¡cabálgame hasta arrancar mi último quejido!
Quiero morir infinitas veces en ti... con tu puñal pecando de gozo... entre estocada y estocada...
Así... así... más.... más... mmmmmm
¡Mátame de vicio!
¡Mátame de vicio!










