mi figura se pasea por tu mente,
tus pupilas ciegas,
se cuelan por la rejilla del deseo
rugiendo de impaciencia
en la avaricia del vicio,
desnudando con destreza mi piel,
recorriendo los recovecos de mi cuerpo,
sintiendo la exaltación de tus adentros.
Y mi mano desciende,
lentamente bajo tu vientre,
y en ti soy edén sagrado...
recital paradísiaco...
esencia derramada...
Sintiéndote preso de mí en tu vigilia
hechizado en tu obcecación.









