Quiero que seas mi peregrino
viajando con tus pupilas,
por la ruta de mi cuerpo,
penetrando mis poros.
Y que cubras con el manto de tus manos
la infinita sensualidad de mi piel
asaltando la curvatura de mis senos,
acariciando su esbeltez,
conquistando mi territorio.
Ofréceme hambrienta tu boca
para brindar de placer a las perladas areolas,
erizando el norte de mi fantasía,
atravesando con tu lengua
el umbral de mi corazón,
descendiendo tu voz.
Hasta ser el océano de mi desnudez.