Un ruido extraño me despertó. Me levanté temblorosa de la cama. Me asomé a la ventana. Pero aquella noche no había luna. Todo estaba oscuro.
Cogí la linterna y salí al patio. Las ramas de los árboles no hacían más que moverse. Me dirigí hacia la caseta de Rambo que parecía dormido.
Al verle, pegué un chillido: - ¡Oh dios! ¡está muerto!
No daba crédito a lo que estaba pasando. Habían envenenado a mi perro. Mis ojos se llenaron de lágrimas. Sentí una pena indescriptible. Tenía que pedir ayuda.
Corriendo entré en casa. Fui a llamar por teléfono pero el cable estaba arrancado, la luz se había ido y la linterna apenas alumbraba porque se estaba acabando la batería.
El corazón acelerado me latía a mil. Estaba descontrolada. Tenía un miedo terrible. Deseando de huir de allí.
Salí directa al garaje. Me metí en el coche y nada más poner el motor en marcha, oí la respiración agitada detrás de mí. Cuando me giré vi un rostro encapuchado de alguien que me tapó la boca. Y en ese momento mis ojos se nublaron, cayendo desplomada.
Mi aportación para la propuesta de Nicolás
María
Os animo a que participéis a la interesante propuesta de Nicolás sobre un relato de misterio.