Al otro lado del día se mece el instante, tan fugaz e intenso, como un suspiro inquietante. Me descuelgo de la cima de los sueños hacia el poniente de la existencia.
Con incierto coraje, transito por el vértice del tiempo, paseando por la esquina del retrato en sepia, al margen del bullicio. Sólo tú en la esquina, que me acusa, de sucesos inexplorados.
El silencio, mínimo refugio, instalado entre las paredes de mi piel, se quebranta. Mis manos temblando. Me desconcierto. No es poco.
El temor, que viene y va, me invade, haciéndose prisionero de mi mente que no hallaba razones. Cuando ni siquiera de tu recuerdo apenas, sostengo una sombra.
Intenso e lindo texto na tua bela participação!
ResponderEliminarGostei muito!
Deu pra sentir o momento!
beijos, chica