Desde que llegó el vecino de enfrente, no dejaba de espiarle porque me tenía cautivada, por su aire tan informal, misterioso y solitario. Me atraían sus ojos, sus labios, su coleta, su barba... Todo... Él era mi única obsesión.
Todas las mañanas, cuando me despertaba, lo primero que hacía era observarle tras los cristales de la ventana de mi habitación que iba a dar al patio de luces frente a la suya. Él seguro que sospechaba que yo le espiaba, porque siempre que abría su ventana, se asomaba desnudo intencionadamente, mirando mi ventana para encontrarme.
Por las noches, cuando sabía que él llegaba de trabajar, yo bajaba con mi perro Toby a pasear, de este modo, coincidía con él en el portal, y cada vez que nos cruzábamos nos saludábamos y al mirarme no podía impedir derretirme como un helado.
Cada vez que coincidíamos en el ascensor, me azoraba como una niña, tratando de esquivar su mirada, pero él se daba cuenta de la excitación que me causaba verle, y pícaramente, me sonreía.
Aquella noche, me puse a ver una película erótica en la tele tumbada en el sofá, con mi Toby al lado, y con la imagen del vecino metido en mi cabeza que me tenía más que loquita, y me quedé dormida...
Al entrar en el ascensor, allí le vi dentro, la puerta se cerró y la luz se apagó. Yo me ruboricé al ver que los dos nos quedamos atrapados. A los pocos minutos grité. No sabía si era porque no podía salir de allí o porque noté sus dedos introducirlos entre mi sexo humedecido.
Él al sentirme tan excitada me empujó contra la pared del ascensor arrancándome el tanga y el vestido. Y comenzó a morderme el cuello y lamerme los pechos como si de una fiera se tratara devorándome toda. Lo que hizo que perdiera mi timidez. Sin dejar de gemir y sollozar de placer. Yo ahora era una puta gozosa suplicándole me clavara su polla hasta lo más hondo de mi coño. Él seguía a lo suyo, comiéndome todo mi cuerpo, sin hacer caso a mis súplicas.
Excitada, agitada e impaciente sin poder más de las ganas le desabroché la cremallera del pantalón, agarrándole su miembro que estaba más duro que una piedra y...
En ese momento sonó el timbre, despertándome. Abrí la puerta y me quedé perpleja... Era mi vecino...
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